jueves, 16 de octubre de 2014

AF1300. Falsa alarma. Protocolo Activado el sistema de alerta sanitaria en el Alfonso Suárez Madrid Barajas

Son las 11:43 de la mañana. El vuelo de Air France AF1300 procedente de París Charles de Gaulle (CDG) aterriza en la pista 33L con dirección a la terminal 2. Ha sido un vuelo tranquilo y normal. Sin embargo, una pasajero ha dado muestras de estar incómodo durante todo el vuelo, suda ligeramente y, una vez el avión se posó en tierra, comienza a mostrar temblores.
 
Merece la pena comentar, que al igual que en caso de la broma del avión de US Airways el protocolo se activó y se comenzó en un tiempo record, apenas 4 minutos después de aterrizar el avión.
 
Me ha resultado muy interesante y descriptivo el ensayo de uno de los viajeros que se encontraban en ese avión y que cuente con todo detalle a El Mundo como sucedieron los hechos. Sólo una nota, al final del artículo refiere que el avión viene de Nigeria. Eso no es cierto, el pasajero  venía en conexión de Nigeria. Por cierto esta persona, que fue aislada y trasladada al hospital Carlos III, ha resultado no estar infectada, tras la realización de el primer análisis PCR. Se realizará otra dentro de 72 horas. Pero, cómo decía, ese avión había realizado una ruta a Ginebra, antes Hamburgo y antes Ámsterdam.
 
 
 
 
" Como pasa siempre, un acontecimiento especial como la alerta que nos vivimos en el aeropuerto de Barajas está precedido por la más absoluta normalidad. Demasiado normal porque, por una vez, el vuelo salió a su hora. El embarque del vuelo 1300 de Air France del aeropuerto Charles De Gaulle con destino Madrid fue bastante ágil a pesar de la gran cantidad de personas que viajábamos. El avión era un Airbus 321 y me llamó la atención porque con nosotros volaban miembros del equipo ciclista Movistar.
El asiento que me tocó para el vuelo estaba en la mitad justo del avión: el número 20, en el pasillo, para tener más comodidad a la hora de estirar la piernas. Todo fue perfecto hasta el aterrizaje en Madrid, a las 11.30 horas. Como ocurre tantas veces en Barajas, el avión comenzó a desplazarse por la pista. Fueron un total de siete minutos -manías que tiene uno de cronometrar las cosas- y, de repente, se paró. La mayoría de los viajeros nos pusimos de pie para coger las maletas, pero rápidamente la tripulación de cabina nos pidió que nos sentáramos. Algo raro pasaba porque el avión estaba en medio de la pista, muy lejos de la Terminal 2, que era nuestro destino. Como hay mil motivos para que un avión esté parado en medio de una pista, no le di más importancia y seguí con la lectura de mi libro.
Mi sorpresa fue al levantar la cabeza al rato y ver todo el pasaje que estaba por delante observando al fondo del avión. Me di la vuelta y allí estaba una persona completamente de blanco y con guantes hablando con un viajero de color que se sentaba en el pasillo, seis o siete filas detrás de la mía. Es normal que cualquier acontecimiento que ocurra en un avión genere un malestar entre la gente que está cansada de estar sentada y desea bajar a tierra. Aquí no, todo el mundo estaba silencioso, tanto que ni yo me había enterado del momento en el que el sanitario había subido al avión.
Nadie decía nada. El sanitario tomaba la temperatura del viajero enfermo, hablaba con él y se desplazaba a la cabina de mando para hablar con el comandante. No comentaron nada y nadie pedía explicaciones de lo que estaba pasando. El paseo del sanitario -que resultó ser una mujer- entre la cabina de mando -supongo que para hablar con el exterior por teléfono- y el viajero enfermo se repitió unas dos veces más.
Finalmente se dirigió a los pasajeros y nos tranquilizó en español diciendo que no nos preocupáramos. En ese momento nos informaron que a continuación repartirían unos formularios donde indicar nuestros datos personales e información adicional, como el vuelo en el que veníamos y los países donde habíamos estado en las dos últimas semanas. En el cuestionario también se pregunta si habíamos tenido algún síntoma de enfermedad en los últimos días. No habían hablando antes de ninguna prohibición por megafonía, pero un azafato vino a regañarme en el momento que me pilló haciendo una fotografía al sanitario en la parte delantera del avión.
Cada vez que un pasajero asomaba el móvil para fotografiar la escena, el mismo azafato le regañaba con cara seria, aunque en ningún momento nos pidieron que borráramos nuestras fotos. Por fin, a las 13.00 horas el sanitario se dirigió a los pasajeros por megafonía. Nos comentó que se había establecido un protocolo de seguridad para un viajero que tenía síntomas de estar enfermo -ahora no recuerdo si llegó a mencionar la dichosa palabra maldita-.
Nos tranquilizó y nos dijo que en unos pocos minutos vendría un autobús a recogernos. A la salida del avión nos darían una hoja donde nos explicarían el proceso a seguir en caso de tener síntomas en los próximos 21 días. La hoja, al igual que la información que dieron más tarde por megafonía, estaba también en inglés y en francés. El autobús no tardó en llegar. A las 13.20 horas comenzamos a bajar -también los pasajeros que estaban detrás del enfermo- y a la salida del avión entregamos el cuestionario relleno y la hoja informativa mencionada. A los pies de la escalera nos esperaban también varios guardias civiles con las máscaras puestas.
Nadie dijo nada en el autobús. Nada de histeria que uno espera encontrar en estos casos. Yo me imaginaba la típica señora tirándose de los pelos gritando «¡vamos a morir todos!». Más bien todos nos movíamos con estupefacción y, por qué no, miedo. Al fin y al cabo, llevábamos hora y media viendo cómo un sanitario vestido de astronauta interrogaba y tomaba la temperatura a un posible enfermo de ébola con el que habíamos compartido avión durante dos horas.
Un comentario final. El vuelo tenía el código AF1300, que es París-Madrid. En ningún momento del vuelo se nos comunicó que ese avión procedía de Nigeria".
 
Saludos,
JC

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